Albondigas de merluza
Empezamos por la salsa: lo primero que haremos será cortar el ajo y la cebolla en brunoise, bien finitos, y ponerlos a rehogaren una cazuela con un poco de aceite de oliva a fuego medio. El sofrito es la base de las salsas, por lo cual tenemos que tener paciencia y dejar que los ingredientes se calienten bien. Sabremos que está en el punto adecuado cuando la cebolla esté de color marrón y, casi, transparente. En ese momento, bajamos el fuego y añadimos la cucharada de harina de trigo y dejamos que se cocine un poco.
Pelamos el tomate, le quitamos la pulpa y lo cortamos en daditos pequeños para añadirlos a la sartén, junto con el caldo y le vino blanco. Ponemos la tapa de la cazuela medio decantada, de manera que quede tapado pero con un espacio para que salga el vapor, y dejamos que se cocine durante unos 20 minutos a fuego suave. Retiramos del fuego, salpimentamos y trituramos nuestra salsa con la batidora. ¡Ojo con las salpicaduras calientes!
Por otro lado, ponemos en remojo las rebanadas de pan de molde con la leche entera. En una mesa, con un cuchillo bien afilado picamos lo máximo posible la merluza y le añadimos las rebanadas de pan. Picamos, también, los más final que sea posible el ajo y el perejil y los incorporamos a la merluza. Añadimos una clara de huevo y salpimentamos la masa. Batimos el huevo y la yema que quedaban y vamos haciendo bolitas, las pasamos por la harina y el huevo.
En una sartén con aceite de oliva bien caliente las tostamos un poco y las vamos añadiendo en la salsa. Dejamos que se concinen 15 minutos a fuego medio con la cazuela tapada. Las puedes servir con guisantes, arroz, patatas o una buena ensalada.
¡A disfrutar!
Entre las propiedades nutritivas de la merluza, destaca su contenido en minerales y proteínas de alto valor biológico. Así, el pescado más consumida de nuestro país, es una fuente de minerales como el selenio, el fósforo, el hierro, el potasio y el magnesio. Sus proteínas están consideradas de muy buena calidad gracias a la aportación de aminoácidos esenciales en nuestro organismo.
La palabra albóndiga la hemos heredado del árabe, «albúnduqa», ya que fueron ellos los que aportaron a la península las primeras bolas de carne, que preparaban generalmente fritas en aceite. En cada sitio la receta es diferente: cocidas en caldo, en salsas, al horno, rebozadas y fritas …